Introducción

Son frecuentes las ocasiones en las que, hablando de informática, se dice que, en último término, lo que hay en un ordenador son unos y ceros. Aunque esto es así desde cierto punto de vista, raramente este dato proporciona información útil a las personas que tienen un perfil no técnico, pero que utilizan un ordenador de manera habitual. Al fin y al cabo, la universalización de la informática ha sido causada, en gran medida, por la eliminación progresiva de la necesidad de tener conocimientos muy técnicos para poder usar un ordenador.

Con el paso del tiempo, "encima" de estos ceros y unos se fueron añadiendo diferentes capas de software que permitieron facilitar el manejo de los ordenadores, al tiempo de que cada vez más detalles técnicos pasaron a ser irrelevantes para su manejo. Pero esta tendencia no está exenta de problemas colaterales, ya que, en algunos casos, los usuarios pasaron a utilizar programas y herramientas sin saber muy bien lo que estaban haciendo. En el corto plazo resulta práctico resolver algunas cuestiones particulares de este modo, pero si este modus operandi se generaliza, es habitual que la falta de conocimientos técnicos se nos revele en algún momento a través de alguna sorpresa desagradable.

Una de las primeras capas de software por encima de esos ceros y unos está constituida por el sistema operativo (SO), el cual, simplificando, es el programa principal que nos permite hacer tareas básicas en un ordenador. El sistema operativo más extendido entre los ordenadores es el sistema operativo Windows, de Microsoft, aunque también hay otros, como macOS X, de Apple, y diversas variantes de Linux (Debian, Ubuntu, RedHat etc.), un sistema operativo desarrollado por multitud de empresas y voluntarios alrededor del mundo.

Todos los sistemas operativos tienen en común que organizan la información en ficheros y carpetas (también llamados directorios por personas con un perfil más técnico). Podemos establecer un paralelismo entre las carpetas y los ficheros informáticos y las carpetas y los documentos en papel, respectivamente. Del mismo modo que la información en el mundo físico está impresa en papeles, grapados en documentos (ficheros) y almacenados y agrupados en carpetas, en el mundo digital también se almacena la información correspondiente a los documentos en ficheros, que se pueden organizar en carpetas.

Tipología de ficheros

Centrándonos ya en el plano de la informática, la identificación de un fichero está formada por tres constituyentes: el nombre, un punto y la extensión. Esta extensión es la que determina el tipo do fichero, ya que no todos los ficheros tienen el mesmo tipo de contenido. Así, por ejemplo, los hay que contienen simplemente texto, que tienen texto con formato, que contienen sonido o vídeo, etc.

El problema es que, por defecto, los sistemas operativos tienden a ocultar la extensión de los ficheros, y proporcionan la información del tipo de fichero a través de los diferentes iconos que emplean en su visualización. Quizás en la mayor parte de las ocasiones esto no suponga ningún problema, pero en determinadas circunstancias, como cuando alguien recibe un fichero de otra persona con la extensión equivocada, algo que ocurre más frecuentemente de lo que puede parecer, es muy probable que ni el sistema operativo ni la persona que reciba el fichero sepa qué hacer con él.

Es por esto que suele ser de utilidad habilitar en el sistema operativo la opción de ver los nombres de fichero con su extensión, lo que nos va a permitir, si lo necesitamos, poder modificar la extensión del fichero.

NOTA: Ojo! No quiere decir esto que al cambiarle la extensión a un fichero se convierta al formato correspondiente a esa extensión. La extensión simplemente le da unha indicación al sistema operativo sobre qué programa tiene que emplear para abrir un fichero, pero un cambio en la extensión no hace que el contenido del fichero cambie y, por lo tanto, no se hace ningún tipo de conversión en ese sentido.

Ficheros de texto y ficheros binarios

Podemos clasificar los ficheros en dos tipos: ficheros de texto y ficheros binarios.

Los ficheros de texto son los que únicamente contienen texto en su interior y, por lo tanto, podremos ver y/o manipular su contenido utilizando una herramienta básica del sistema operativo: el editor de textos.

En este punto es necesario distinguir entre editor de textos y procesador de textos. Un editor de textos es un programa que permite ver y/o editar ficheros de texto, es decir, ficheros que contengan únicamente texto, mientras que un procesador de textos permite ver y/o editar ficheros en los que, además de texto, puede haber otro tipo de información que el procesador tiene que interpretar: tipos de letra, imágenes, etc. Por ejemplo, el Microsoft Word es un procesador de textos y, por lo tanto, los ficheros que genera por defecto, que tienen extensión .doc o .docx, no son ficheros de texto. Si intentamos abrir un fichero .doc o .docx con un editor de textos, como puede ser el Bloc de notas en Windows o el TextEdit en MAC OS X, podemos comprobar que se ven cosas raras, como deberíamos esperar.

La extensión más habitual de los ficheros de texto es .txt, pero también hay otros tipos de ficheros que pueden editarse con un editor de texto y que, por lo tanto, son, en esencia, ficheros de texto: .xml, .csv, etc.

En contraposición, también tenemos los ficheros binarios, que son los que non se pueden ver y/o editar con un editor de textos, y pueden ser de muchos tipos diferentes: Hojas de cálculo (.xls, .xlsx., .ods) imágenes (.jpg, .png, tiff), sonidos (.mp3, .wav), vídeos (.mp4, .avi, .mkv), procesadores de texto (.doc, .docx, .odt, .pages), etc.

Como mostrar las extensiones de ficheros en Windows 10

En el siguiente vídeo podemos ver cómo tenemos que hacer para activar la visualización de las extensiones de los ficheros en Windows 10:

Utilizamos cookies para analizar el tráfico del sitio web y optimizar tu experiencia. Puedes aceptar o rechazar las cookies haciendo clic en los botones a continuación.

Política de cookies